Sobre los Mozárabes

La ciudad de Toledo en tiempos de los visigodos. Detalle del Códice Albeldense o Vigiliano (folio 142)

La ciudad de Toledo en tiempos de los visigodos. Detalle del Códice Albeldense o Vigiliano (folio 142)

El lector encontrará en esta sección información sobre el término “mozárabe” y sus orígenes en el antiguo Reino Visigodo de Toledo. En los apartados “Enfoque visita a Toledo” y “Enfoque visita a León” se enumeran los objetivos perseguidos por los expertos participantes en la Ruta Cultural, además de información general acerca de la historia, el arte y/o las celebraciones litúrgicas de la comunidad mozárabe en una y otra ciudad.

Sobre el término “mozárabe”

Se denominan “mozárabes” a los cristianos hispano-visigodos que a partir del año 711 permanecieron en los territorios bajo poder musulmán y conservaron su organización política, jurídica y eclesiástica a cambio del pago de impuestos. Con el transcurso del tiempo mantuvieron la denominación de “mozárabes” quienes abandonaron al-Andalus para refugiarse en el reino de León y otros territorios cristianos del norte.

Desde un punto de vista etimológico, “mozárabe” parece provenir del vocablo árabe musta’rab , que significaría “arabizado”. Así llamaban los musulmanes de al-Andalus a los habitantes autóctonos que habían asimilado parte de la lengua, las costumbres y la cultura de los árabes y bereberes con los que convivían.

Sobre el origen de los mozárabes: el Reino Visigodo de Toledo

El origen de los mozárabes se encuentra en el antiguo Reino Visigodo de Toledo, que a su vez fue sucesor del Reino de Toulousse fundado por los visigodos al sur de la Galia romana tras alcanzar Valia un acuerdo (foedus) con el Imperio Romano en el año 418.

A finales del siglo V el Reino Visigodo de Toulouse se encontraba en su máximo apogeo. Los visigodos eran uno de los llamados pueblos barbari más romanizados, y a la Corte de Eurico (466-484) en Burdeos llegaban otros pueblos germanos a establecer relaciones comerciales y estrechar lazos políticos. El monarca era un rey legislador que además concedía títulos honorarios de condes y duques a romanos y godos, y él mismo se arrogó varios títulos derivados del protocolo imperial romano. El monarca fortaleció también su protectorado sobre Hispania.

Su sucesor Alarico II (484-507) promulgó el conocido código de leyes que lleva su nombre, el Breviario de Alarico. Durante su reinado, la presión de los francos obligó a los visigodos a desplazarse hacia el sur. Especialmente tras la batalla en Vouillé (507), los habitantes del derrotado Reino de Toulousse se trasladaron en masa desde Aquitania hasta la Hispania romana y comenzaron a mezclarse con la población local.

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Batalla de Vouille entre francos y visigodos (507), representada en manuscrito del s. XIV

Batalla de Vouille entre francos y visigodos (507), representada en manuscrito del s.XIV
Por aquel entonces Toledo era una de las ciudades más importantes desde el punto de vista político y económico del Bajo Imperio Romano. Era, además, una importante sede episcopal y se considera probable que en lugar ocupado hoy por la catedral existiera en aquella época un complejo arquitectónico formado por una basílica y un baptisterio. El desarrollo urbano de la ciudad no sólo se localizaba en su zona alta rodeada por el río, sino también en la conocida como Vega Baja, donde se habían construido importantes edificios lúdicos (como el anfiteatro romano, que aún se conserva en parte), villas de recreo y explotaciones rurales.

Tras un periodo bastante convulso, en el que los reyes y su corte itinerante se desplazaban de un lugar a otro en función de las contiendas militares, Teudis y Atanagildo fueron consolidando su corte en la ciudad de Toledo. Poco después Leovigildo consiguió cierta estabilidad territorial y fijó de manera definitiva en Toledo la capitalidad del nuevo Reino Visigodo, siguiendo el modelo de los emperadores bizantinos.

Unos años después, Recaredo desistió de los intentos de sus predecesores de imponer el arrianismo a la población local y se convirtió al catolicismo. En el III Concilio de Toledo, este monarca visigodo y su esposa la reina Bado hicieron pública profesión de la fe católica, y tras ellos todos los altos mandatarios de la corte.

A partir de ese momento comenzó un largo periodo de florecimiento cultural para la Hispania visigoda, donde Toledo se convirtió en el centro del poder político, administrativo y eclesiástico y recibió el nombre de Civitatem Regiam Toletanam.

Las fuentes de la época y los hallazgos arqueológicos nos permiten conocer detalles acerca de la monarquía visigoda y la Iglesia, incluidos los concilios celebrados en la ciudad y la formación del rito hispano-mozárabe.

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Representación de los Reyes Visigodos Chindasvinto, Recesvinto y Égica. Detalle del Códice Albeldense o Vigiliano (folio 428).

Representación de los Reyes Visigodos Chindasvinto, Recesvinto y Égica. Detalle del Códice Albeldense o Vigiliano (folio 428).
En un principio los monarcas visigodos eran elegidos por los altos cargos de la nobleza visigoda, con los que cada rey establecía vínculos de dependencia en cargos de confianza. A partir del siglo VIII la monarquía se consolidó como una institución hereditaria cuya elección dependía de la élite nobiliaria visigoda y los obispos. A este cambio contribuyó de manera decisiva la práctica de la Unción Regia, que confería al nombramiento de los monarcas un carácter sagrado a través de la bendición otorgada por los obispos.

Para el desarrollo de sus funciones, los monarcas se apoyaban en el Aula Regia (un órgano de asesoramiento y consulta) y en los Concilios.

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ordo celebrando concilio. Detalle del Códice Albeldense o Vigiliano (folio 344)

Ordo celebrando concilio. Detalle del Códice Albeldense o Vigiliano (folio 344).
Los primeros concilios se remontan a la época romana (397), pero fue a partir de la consolidación del Reino de Toledo cuando cobraron toda su importancia. Uno de los más relevantes fue el III Concilio de Toledo, al que ya nos hemos referido, que entre otras consecuencias reforzó las relaciones entre la monarquía visigoda y las instituciones eclesiásticas. Especialmente a partir de ese momento, los Concilios se consolidaron como asambleas de carácter consultivo, legislativo y judicial, a las que asistían los altos cargos visigodos y los principales representantes de la Iglesia católica, junto al monarca visigodo, que las presidía. En los concilios se adoptaban normas relativas a la organización de la Iglesia y los asuntos principales del reino. Sus acuerdos se recogían por escrito en los “cánones” o “decreta” y entraban a formar parte de la Colección Canónica Hispana.

En algunos de estos concilios participaron activamente San Isidoro de Sevilla y los llamados Grandes Padres Toledanos: San Eugenio, San Ildefonso y San Julián. Todos ellos fueron personajes de gran talla intelectual que llevaron a cabo una importante labor literaria y teológica, además de contribuir al desarrollo y enriquecimiento de la liturgia hispano-mozárabe junto a otros autores, que la tradición ha conservado, como Justo de Urgel, San Leandro de Sevilla, Pedro de Lérida y Conancio de Palencia.

San Isidoro de Sevilla en su Liber primus de Ecclesiasticis Officiis (Pl 83, 752-753) comentó ampliamente las oraciones variables del Ordinario de la Misa Hispano-Mozárabe. San Eugenio fue un gran poeta y escritor litúrgico, y San Ildefonso escribió obras teológicas, mariológicas y ascéticas. San Julián es autor, entre otras, de la Historia del reinado de Wamba, al que cuentan que contribuyó a destronar.

Estos textos constituyen el patrimonio literario más importante y rico de los siglos VI y VII en Europa. Se sabe, además, que en aquella época existía un importante intercambio de música litúrgica entre las distintas sedes.

Piezas musicales para la Festividad de San Pedro y San Pablo contenidas en el Antifonario de León.

Piezas musicales para la Festividad de San Pedro y San Pablo contenidas en el Antifonario de León.

Piezas musicales para la Festividad de San Pedro y San Pablo contenidas en el Antifonario de León. Este Códice podrá verse en la visita a la ciudad de León los días 29 y 30 de Abril y 1 de Mayo.
Con el tiempo San Ildefonso pasó a convertirse en el Patrón de Toledo, como continúa siéndolo en la actualidad (su onomástica se celebra el 23 de enero). Numerosas obras de arte recogen la imposición de la Casulla a San Ildefonso por María La Virgen.

Por otra parte, algunas de las iglesias en las que siglos después se practicará y mantendrá vivo el rito hispano-mozárabe conservan restos arquitectónicos que parecen ser visigodos. Así sucede con la Iglesia de las Santas Justa y Rufina, y la Iglesia de San Román, antigua filial de la Iglesia de Santa Eulalia y que ahora alberga el Museo de los Concilios y la Cultura Visigoda. No se han encontrado restos de la basílica de Santa Leocadia, que fue sede de la mayoría de los Concilios toledanos, pero se cree que estuvo ubicada en el lugar que ahora ocupa la ermita del Cristo de la Vega, en la Vega Baja.

En el Museo de los Concilios y de la Cultura Visigoda pueden verse numerosos ejemplos de elementos arquitectónicos del Toledo visigodo tallados en piedra, como frisos, cimacios, capiteles y pilastras, decorados con un amplio repertorio de motivos geométricos y vegetales.

El Museo acoge también muestras de la orfebrería y los ajuares votivos y ceremoniales de la época visigoda. Entre estos últimos destaca sin lugar a dudas la réplica de algunas de las coronas que forman parte del Tesoro de Guarrazar, cuyas piezas originales se encuentran en el Museo Arqueológico Nacional y en el Museo Cluny de París.

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Con el reinado de Wamba las tensiones con la alta nobleza y los conflictos con la comunidad judía, obligada a la conversión o medidas como la esclavitud o la emigración, se agudizaron notablemente. Tras los difíciles reinados de Ervigio y su yerno Égica, el reinado de Witiza dio paso a la elección de don Rodrigo como rey en el año 710 y su pronta derrota contra los musulmanes liderados por Tariq en la Batalla de Guadalete (711).

Con ello se ponía fin al Reino Visigodo de Toledo y comenzaba la historia de Al-Andalus.

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Miniatura en la que puede verse al rey don Rodrigo a la izquierda, y al lado a su rival Tariq. Manuscrito Semblanzas de Reyes, s XI, conservado en la Biblioteca Nacional de Madrid.

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